miércoles, 14 de noviembre de 2012

Prólogo


- Al fin Jueves. – Es lo primero que pensó Rocío cuando apenas quedaban segundos para dar su última clase por finalizada.

Las dos y media exactas en el reloj de la universidad. La campana sonó. Sí, al fin jueves, adiós clases hasta el lunes. Recogió sus cosas, las metió al bolso y se lo colgó en el hombro. Salió de la universidad con toda la rapidez que pudo y se introdujo en el metro. Hacía frío. Se notaba que era enero. Diez paradas, tan sólo diez paradas de metro hasta llegar a su casa.

Llegó media hora después. Abrió el portal. Ascensor hasta el segundo piso. Introdució la llave en la puerta de su casa y la abrió. Olía a incienso, al que ella había dejado encendido esa mañana antes de salir de casa. Dejó su bolso en la mesa del comedor y metió la comida en el microondas. Sacó el móvil del bolso mientras la comida giraba en el microondas. Decidió llamar a Jessica.

- ¿Sí? – Jessica sonaba contenta.
- ¿Cómo estás?
- Bien, ¿y tú?
- Estresada. Iba a salir una hora antes de la universidad para que me diese tiempo a todo, pero tenía que entregar un trabajo y al final me he tenido que quedar.
- No pasa nada, tenemos tiempo.
- Eso te iba a decir, ¿a qué hora quedamos al final?
- ¿En un par de horas?
- Vale, son las tres y cuarto, ¿a las cinco y media en la Plaza de Callao?
- Frente a los cines, como siempre.
- De acuerdo. Ahora llamaré a Daniel, a ver si está en su casa y paso a recoger las entradas.
- He quedado esta mañana con Álvaro. – Jessica soltó el bombazo.
- ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¡Ah! ¿Y qué ha pasado?
- Eh, ¡una por una! Pues esta mañana no tenía planes, él tampoco y me abrió por whatsapp. Me dijo que si le acompañaba con los chicos a la radio y que después me invitaba a comer.
- O sea, que has llegado a casa hace nada.
- Estoy llegando ahora.
- Maldita seas, ¿y ahora me lo cuentas?
- Estabas en clase. Bueno, luego de camino al concierto, prometo contártelo todo.
- Me parece bien. De todas maneras, se lo sonsacaré a Dani y lo sabes.
- ¡No seas ansiosa!
- Está bien. Bueno, luego nos vemos, que voy a comer y a ver si me acerco a casa de Dani.
- Vale, adiós. ¡Luego nos vemos!
- Hasta luego.

Justo cuando colgó, sonó el microondas. Daba igual. Marcó el número de Daniel.

- Hombre, ¡Cuánto tiempo sin saber de ti! – Dani se alegraba de que su amiga le llamara, al parecer.
- Daniel, hace tres días que te vi…
- Cállate, mala persona. ¿Ahora que quieres?
- ¿Recuerdas que tienes mis entradas para el concierto que dais tú y el resto de Auryn esta noche?
- Es cierto.
- ¿Estás en tu casa?
- Estoy, estoy. Pero están los demás.
- ¿Y? Como si no les conociese ya o algo. ¿Te importa si me paso en una hora por tu casa a recoger las entradas y a pagártelas?
- De acuerdo, pero date prisa, que en una hora y media o así, nosotros nos vamos a la prueba de sonido.
- Vale, en un rato me paso. Hasta luego caraculo.
- Adiós tonta.

Tres cuartos de hora después, Rocío estaba en el metro de camino a casa de Dani. Era curioso, pasaba más tiempo en el metro que en cualquier otro sitio.
Dani vivía relativamente cerca de ella. Apenas un cuarto de hora en metro les separaba. Rocío medía las distancias de un sitio a otro por el tiempo que se pasaba en el metro. Dani vivía en pleno centro de Madrid, en una de las callejuelas de Callao. Ella, en cambio, vivía un poco más alejada.

Llegó. Pulsó el telefonillo. Le abrieron y subió. Un tercer piso. Ascensor roto. Rocío maldecía a Dani por momentos. Subió por las escaleras hasta dicho piso y le vio allí en la puerta, sonriente.

- ¡Hola! – Él la abrazó.
- Dani, ¿eres consciente de que tampoco hace tanto que no nos vemos?
- ¿Y? ¡Te he echado de menos! – Era increíble el cariño que se tenían el uno al otro. Era normal, se conocían hace dos años. Él iba a su clase cuando estaban haciendo segundo de bachillerato e hicieron muy buenas migas. Tantas que, cuando él acabó bachillerato y comenzó con el grupo, ella estuvo ahí para apoyarle. Ambos habían estado en los malos momentos del otro.
- ¡Pero mira quien está por aquí! - Exclamó David. - ¿Cómo estás?
- Pues aquí, que he venido a recoger las entradas para vuestro concierto de esta noche, que se las encargué a Dani para que pasase a recogerlas y pagarlas.
- ¿Y Jessica? – Nada más ver a Rocío, fue lo primero que preguntó Álvaro.
- ¡Pero si hace nada que la has visto! ¡Anda que saludas! – Rocío le dio dos besos. – Pues llegando a su casa cuando la he llamado. Me ha dicho que se iba a ir a dormir un poco, que esta mañana se ha pegado el madrugón para ir con vosotros a la radio, que se cambiaba y hemos quedado en la Plaza de Callao a las cinco y media. Por cierto, ¿qué tal la comida?
- Bien, ha estado bien. – Álvaro sonrió extrañamente. Para haber ido bien, estaba más sonriente que de costumbre.
- Tarde o temprano sabré todo, lo sabes, ¿no? – Saludó a todos los demás. – Bueno Dani, tengo prisa, que me tengo que ir a casa a cambiarme, volver hasta aquí para quedar con Jessica e irnos hasta el teatro, que está como a media hora. No tengo tiempo, dame las entradas, anda.
- Voy. – Dani abrió una cajita que había sobre su mesa del salón y sacó el par de entradas.
- ¡Genial! Tercera fila, nada mal. – Sonrió Rocío. – Dime cuanto te debo.
- No me des nada, anda. A este, invito yo.
- Ay, ¡si es que tengo un amigo que no me lo merezco! – Rocío le abrazó de nuevo.
- Pero me debes una cena.
- Uy, ¡eso es chantaje! Está bien, mañana te invito a cenar, anda.
- Me parece perfecto.
- Bueno, chicos, me tengo que ir. ¡Luego os veo a todos!
- Adiós. – Se despidieron ellos casi al unísono.

La alarma del móvil de Jessica sonó. Las cuatro y media. ¿Cuánto había dormido? Apenas una hora tras llegar de su comida con Álvaro. Daba igual el sueño que tuviese, la comida había merecido muchísimo la pena. Se mentalizó. Una hora para estar en Callao con Rocío. Le daba hasta pereza. ¿Tendría ya ella las entradas? Supuso que sí, que habría ido hasta casa de Dani.

Se levantó del sofá y fue hasta su habitación. Abrió el armario. El eterno dilema: ¿Qué se iba a poner? Luego resultó sencillo. Unos vaqueros pitillo, un jersey con el hombro caído y unas botas. Simple y cómodo. Se vistió en silencio. Lo necesitaba. Jessica no era persona recién levantada de la siesta o por la mañana. Se dirigió al baño. Un poco de maquillaje para ocultar unas pequeñas ojeras que denotaba que esa noche había dormido relativamente poco y un poco de raya en el ojo. Dos horquillas en la parte de atrás del pelo que dividían su flequillo largo en dos partes. Ya estaba. La cuenta atrás empezaba: Media hora. El tiempo exacto hasta llegar al centro. Se colgó el bolso, cogió las llaves y el abrigo y salió de casa.

- Eres una tardona. – Rocío regañaba a Jessica por teléfono.
- Cállate pesada, ¡que en dos minutos estoy allí que me queda una parada!
- Vale, venga, te espero.

Dos minutos después, Jessica salía de la boca de metro. Quizá por instinto, por costumbre o porque realmente necesitaba verla ya, Rocío la abrazó.

- Me vas a ahogar, tonta. – Jessica reía.
- ¡Pues te jorobas! Te he echado de menos.
- Y yo a ti, pelo naranja.
- ¿Ya empezamos?
- Es que mola llamarte así. ¿Tienes ya las entradas?
- Sí. He ido esta tarde a por ellas a casa de Dani. Son un regalo, no se las he tenido que pagar. Tercera fila, ni más ni menos.
- ¡No está nada mal!
- Por cierto, ¿a qué no sabes qué?
- Adelante, asómbrame.
- Estaban todos los chicos allí.
- Ah, ¿sí? ¿Y qué tal están?
- Bien. Pero eso es lo de menos, la clave es Álvaro.
- ¿Qué pasa con Álvaro? – Jessica preguntó extrañada.
- Me ha preguntado por ti según me ha visto. ¡Ni un triste saludo ni nada! Yo no digo nada, pero aquí hay tema.
- ¡Cállate inútil! – Jessica la dio un codazo.
- ¿Qué tal la comida de hoy?
- Me ha llevado a un restaurante de pasta y pizza.
- No ha estado mal entonces, ¿no?
- Muy correcto todo, sí.
- Jessica, me dejas muy intrigada con todo esto. ¿Ha pasado algo?
- Casi.
- ¿Cómo que casi?
- A ver, al despedirnos, casi me besa. Pero claro, ya está mi madre, que me llama poco y me tiene que llamar justamente en momentos como ese. ¡Maldita sea!
- Ahora me cuadra todo.
- ¿Eh?
- Álvaro hoy estaba muy feliz cuando le he hablado de ti.
- ¿En serio?
- No, de broma. ¡Pues claro! No te preocupes, no ha llegado hoy el beso. Ya llegará.

Llegaron a la sala del concierto. Entraron con el resto de las fans. Era indudable que la mayoría las reconocían. A Rocío por las fotos que subía con ella Dani al twitter cuando quedaban y a Jessica de cuando se encontraban a Álvaro o a alguno de los chicos por el centro con ella. Bajaron las escaleras hasta abajo y se metieron por uno de los lados del escenario.

- ¿Qué haces? ¿Tú estás loca? – Jessica andaba desconcertada por completo.
- Carlos me dijo que hiciese esto, tú cállate.

Llegaron hasta el backstage. Allí estaban ellos, dando los últimos retoques a su vestuario. No estaban solos, también estaba ella. Claudia. La novia de Dani. Por supuesto que Rocío la conocía pero que la cayese bien ya era otra cosa. Pero siempre debía comportarse por Dani, más que nada. Era la mejor amiga de Dani y por tanto lo que opinase de Claudia se lo guardaba para ella.

- ¡Jessica! – Álvaro la abrazó al verla.
- ¡Cuánto tiempo! – Jessica bromeaba.
- ¡Ya ves! – Él siguió la broma. – Ya me ha contado Rocío. Tercera fila, ¿no? ¡Genial! Te buscaré entre el público, que lo sepas.
- Eh no, no hagas eso, que muero de la vergüenza. Por cierto, la he traído. – Jessica sacó su cámara. Su nueva réflex. Fue amor a primera vista según Jessica la vio en aquel escaparate. Y encima hacía unas fotos buenísimas.
- Genial. Yo luego doy buen uso a las fotos. – Sonrió. – Bueno chicas, vamos a salir ya a cantar. ¡Espero que os guste!
- Por cierto, ¡Rocío! – Chilló Dani, que tenía a Claudia agarrada por la cintura.
- Que no me chilles, que me tienes a cinco metros. ¿Qué quieres?
- Luego vamos a cenar algo al centro, ¿os venís?
- ¿Jessica? – Fue instintivo, según Dani formuló la pregunta, Rocío miró a Jessica.
- A mi no me da tiempo. Tengo que coger el metro hasta casa. Si quieres quedarte tú, Rocío…
- Que va, yo tengo el mismo problema que tú. Además, mañana tengo que madrugar. ¡No me queráis liar que ya nos conocemos! Que la cosa empieza por la cena y sin quererlo, ¡acabamos Jessica y yo de fiesta con vosotros!
- Pues nada, vosotras os lo perdéis. Esperaros cuando acabe el concierto, que tenemos el meet y después, os despedimos, anda. – David sacó la lengua.

Salieron del backstage. Claudia por un lado y Jessica y Rocío por otro.

- ¿La has visto? – Dijo Jessica.
- Como para no verla, sigue igual de… fresca.
- ¿Pero tan mal te cae?
- No es porque esté con Dani, eso es lo de menos para mí. Ya sabes que yo me alegro mucho porque Dani la quiere un montón pero me parece lo peor como persona. Apareció en la vida de Dani justo cuando el grupo comenzó a tener éxito. Extraño, ¿no?
- Curioso, sí. ¿Y se lo has comentado a Dani? Bueno, déjala, ella será feliz así. Ya actuaremos el día en que veamos que puede llegar a hacer daño a Dani.
- No, paso de comentárselo, no quiero crearle dudas respecto a ella ni nada por el estilo. Es su relación, él sabrá. Anda, vamos a nuestras butacas que veo que nos quitan el sitio.

El concierto estuvo genial, como la inmensa mayoría de los que daban. Y las fans parecían satisfechas. Según terminó el concierto, comenzó el meet. Jessica y Rocío fueron fuera a esperar a que los chicos saliesen. Estuvieron hablando con unas chicas que las conocían de twitter y poco más. Los chicos salieron al rato. Llegó la despedida.

- Pues nada, nos vamos a casa. Ha estado realmente bien. – Dijo Rocío.
- No es para menos. ¡Te he conseguido unas entradas de primera! – Dani presumía.
- Anda bobo. – Ella le abrazó y le dio un beso en la mejilla. – Bueno, yo me voy a casa ya, que llevo desde bien pronto despierta y tengo ganas de dormir. No desfaséis mucho, ¿eh? ¡Que nos conocemos!
- Tranquila que no, que nosotros controlamos. – Dijo Álvaro.
- ¡Como para fiarnos de ti! – Jessica le dio un codazo.
- Eh, sabes que sí. – Se rió. – Bueno, a ver si vas a perder el metro, que a estas horas pasa cada mucho rato. Cuando llegues a casa, envíame un tweet o algo. ¿De acuerdo?
- Está bien. – Sonrió Jessica.

Ambas se dirigieron al metro. Cada una para su línea. Se despidieron con un abrazo y un “nos vemos pronto”.

Jessica iba sentada en el metro cuando su móvil sonó. Era un whatsapp. Y de Álvaro, más extraño aún. ¿Qué querría si ya se lo había dicho todo antes de despedirse? Su sorpresa fue en aumento cuando abrió dicho whatsapp. Un “Jessica, te quiero” brillaba en la pantalla del móvil. Desde entonces, las mariposas en el estómago de Jessica cobraron sentido.

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